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24 jul. 2012

Ultramarinos Colom, de compras en el pasado.

En estos tiempos de consumo masivo en grandes superficies y de carros de la compra exageradamente grandes, fotografiar una tienda de "las de toda la vida" fue todo un privilegio y un acto de humildad.
Quiero en primer lugar agradecer a Juan Carlos y su familia por haberme dado esta oportunidad.
José Colom Girona, su abuelo paterno, vino de Benasal (Castellón) y aquí se casó. Abrió la tienda de ultramarinos hacia 1915 que regentó hasta su muerte. El edificio de varias plantas, y en su momento una de las viviendas más señoriales del municipio, costó 28.000 pesetas (168 euros).

José Colom Hernández, su padre, ya aprendió de pequeño el oficio de tendero, al que se dedicaría con esmero y pasión el resto de su vida. La tienda está repleta de su buen hacer y su atención al detalle.

Hacía incluso él mismo sus propias bolsas con el papel de los sacos de harina y pegamento.
 Aquí se abastecieron generaciones de clientes de toda la comarca y así prosperó el negocio . Venían a "echar las tripas casa del tío Colóm" en tiempos de matanza. Se vendía de todo, desde especias y conservas, semillas de nabo de Norfolk, de espinacas, arroz, azúcar y pasta, todo a granel.
 


En aquellos tiempos, también vendían comida para todo tipo de animales domésticos. Piedras de sal para que las caballerías chupaban en los establos, y unas tortas llamadas "pasta de Sudán" que se humedecían y se amasaban hasta hacer una sopa espesa para los animales.
Ninguno de sus hijos siguió los pasos del abuelo, y la tienda familiar se eclipsó, impotente, como tantas otras de la comarca, frente a la competencia salvaje de los nuevos tiempos.